El Tolima enfrenta un problema que va más allá de lo económico: una crisis de liderazgo. Durante años, la región ha sido dirigida por estructuras políticas poco renovadas, con escasa preparación técnica y débil compromiso ético.
El liderazgo no se improvisa. Se forma. Requiere conocimiento, carácter y una profunda vocación de servicio. Un verdadero líder entiende que gobernar no es administrar recursos públicos para beneficio personal, sino orientar a la sociedad hacia objetivos comunes.
La ausencia de liderazgo ético tiene consecuencias directas: baja confianza institucional, corrupción persistente y ciudadanos cada vez más desconectados de la vida pública. Recuperar la confianza exige líderes preparados, con criterio, capaces de tomar decisiones impopulares pero necesarias.
Formar liderazgo regional implica invertir en educación cívica, pensamiento crítico y responsabilidad ciudadana. Implica también abrir espacios para que jóvenes, empresarios y profesionales participen activamente en el debate público.
El futuro del Tolima dependerá de su capacidad para formar líderes que comprendan la complejidad del desarrollo regional y actúen con independencia frente a intereses particulares. Sin liderazgo, no hay proyecto de región posible.


